Ego, liderazgo y política

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Ego, liderazgo y política

 

 

¿Cómo puede ser que seamos un pueblo lo suficientemente inteligente como para preguntarnos sobre la realidad y reconocer la inconformidad socio-económica que tenemos a nivel colectivo, y sin embargo fallemos repetida y consistentemente en ponernos de acuerdo para resolver los problemas políticos que nos aquejan?

 

Hola a todos, hace mucho que no escribo en este blog y probablemente pase mucho tiempo hasta que vuelva a escribir en el, ya que demandas de externas tienen confinado mi enfoque a otro tipo de tareas; pero quería compartir este texto que escribí para una organización abocada a promover la participación democrática a la cual de vez en cuando presto mi apoyo porque me pareció que, al combinar ciencia y análisis, podía ser interesante para este espacio.  Teníamos pensado presentar este texto en forma de video y tal vez en algún momento lo hagamos, por lo pronto les dejo las palabras…

Existen dos componentes ineludibles que con su presencia establecen la realidad social que tenemos actualmente: el primero es el componente cívico y el segundo la esfera política interna.

Respecto al componente cívico encuentro que, la gran dificultad que tenemos a nivel social para habilitar justa y respetuosamente la individuación de nuestra voz, es un factor fundamentar a la hora de entender nuestra falta de acuerdo, entendimiento y construcción conjunta. Y en este factor el ego juega un papel innegable.

Observando tanto a votantes comunes y corrientes (como vos o como yo), o viendo a nuestros representantes como actores cívicos comunes, votantes a la misma altura que cualquier otro, (observación que también merece ser tenida en cuenta, dado que nuestros representantes son tan votantes como nosotros sin importar cuan adentrados estén en el tema); los ciudadanos tenemos una incesante necesidad de sentirnos contenidos y aceptados por nuestra comunidad, tan punzante es esa necesidad que recibir el rechazo a cubrirla se encuentra connotada con un significado moral profundamente negativo. Es por eso que todo aquello que desafía nuestro sentido de comunidad, como podría ser cuestionar o diferir con la norma social, se lo considera una amenaza y consecuentemente es tratada como tal, ya sea desde la indiferencia o el rechazo.

Considerando esta realidad, se vuelve completamente entendible el énfasis prejuicioso que existe sobre la palabra “ego”; que, dicho sea de paso, en griego “ego”, simplemente significa “yo” y por lo tanto negar la palabra “yo” del vocablo es también negar la posibilidad de expresar identidad. Eso es exactamente lo que sucede cuando en pos de la construcción social acallamos nuestra individualidad, construimos un vínculo social débil e insostenible donde, al negar nuestro propio ego, lo terminamos proyectando hacia la homogeneidad colectiva y pronto nos encontramos diciendo frases como “la realidad debería ser así”, cuando de hecho lo que estamos queriendo decir es “necesito que la realidad me habilite en esto, me dé esto o me ofrezca esta posibilidad. Otros pueden necesitar otra cosa y está bien, pero yo necesito esto”. En definitiva, reprimir el ego es también reprimir la diversidad.

Pero como todo desequilibrio tiene dos caras, de la misma forma la sobre-compensación de la represión colectiva del ego es también un impedimento a la hora de pensarnos en una construcción social exitosa. Ejemplos de ello se ven mucho en la esfera política interna donde los gobiernos con los años van generando una subcultura dentro del mismo territorio gobernado. Subcultura que, cual microclima, tiene sus propios comportamientos, mecanismos e incluso ecosistema. No voy a caer en la trampa comodista de proponer que ese ecosistema no puede cambiarse, porque los seres humanos somos por demás capaces de elegir cómo queremos construir hacia lo que imaginamos y deseamos, pero los intentos se vuelven mucho más fútiles cuando se espera que alguien más haga ese cambio por nosotros.

No es secreto de estado que la maquinaria política está corrupta, y el proceso de conversión de un político de joven altruista a cínico engranaje que se sabe parte de un reloj que no da la hora, tiene mucho que ver con las concesiones y justificaciones que se dice a sí mismo a la hora de creer que ser electo por las masas le confiere la libertad de colocarse por encima de las reglas. Esa auto-visualización de una identidad superior es generada e incentivada por ese mismo microclima en el que se encuentra inmerso, donde es muy difícil poder cuestionarse, dado que todos sus “semejantes” se consideran de la misma manera.

A mediados del s. XVI, Otto Von Guericke realizó varias demostraciones en Alemania en las que uniendo dos semi-esféras o hemisferios metálicos, selló con una bomba de vacío las dos partes formando así una esfera. Luego ató aproximadamente 8 caballos de cada parte de esa esfera y tirando en direcciones opuestas, intentó abrirla infructuosamente. Este conocido experimento intentó demostrar el poder que posee el vacío en el planeta tierra, no porque el vacío poseyera una fuerza interna que lo mantuviese cerrado, sino porque la atmósfera posee una presión considerablemente mayor que el vacío, y al tener un sistema con menor presión inmerso en un sistema con mayor, la presión externa generaba (y aún lo hace) un hermetismo difícil de abrir a la fuerza. Pero distinta es la dificultad para abrirla, cuando a esa esfera se le abre la válvula a través de la cual que fue generado el vacío en primer lugar. 

No creo necesitar explicar mucho porqué en algún nivel esta anécdota científica es relevante. Podríamos decir que el interior de la esfera metálica es como la esfera política interna, y si bien la dificultad participativa que el ciudadano encuentra desde la queja y la fuerza, pareciera tener el mismo poder de apertura que tenían los caballos; no es hasta que nos damos cuenta de que lo único que se requiere es asumir el pequeño compromiso de preguntarnos cómo queremos vivir, que encontramos la válvula que muy fácilmente destraba ese vació.

La verdad es que todos somos políticos, porque incluso si no entendemos los procesos gubernamentales, tenemos la capacidad de saber cómo queremos vivir, y eso ya es suficiente para empezar a habilitarnos a abrir el diálogo respetuosamente, sin vergüenza o temor a ser llamado ignorantes; entendiendo que incluso en la sencillez de nuestro deseo de bienestar nuestra voz importa. Y que quienes; valiéndose de su experiencia, traten de intimidar o acallar nuestra voz, tachándola de opinión o inservible; al ver el compromiso que construimos con nosotros mismos, entiendan que la válvula está abierta y que no es el pueblo el que fue creado para servir al gobierno, sino el gobierno el que fue creado para servir al pueblo.

Muy sabiamente Bertolt Brecht dice en su poema “El analfabeto político”:

“El peor analfabeto
es el analfabeto político.
No oye, no habla,
ni participa en los acontecimientos políticos.
No sabe que el costo de la vida,
el precio del pan, del pescado, de la harina,
del alquiler, de los zapatos o las medicinas
dependen de las decisiones políticas.

El analfabeto político
es tan burro, que se enorgullece
e hincha el pecho diciendo
que odia la política.

No sabe, el imbécil, que,
de su ignorancia política
nace la prostituta, 
el menor abandonado,
y el peor de todos los bandidos,
que es el político trapacero,
granuja, corrupto y servil
de las empresas nacionales 
y multinacionales.”

La única forma de bajar la presión externa es cada uno convirtiéndonos es esa válvula al volvernos nuestros propios líderes políticos.

Y es por eso que hoy te pregunto: ¿Cómo querés vivir?

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Yo también soy… humanidad

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Lo que estos últimos días me han enseñado es que los seres humanos no sabemos como erradicar la violencia, actuamos como si quisiésemos pretender que no forma parte de nosotros, queremos convencer a todo el mundo de que la violencia está afuera pero no en uno mismo y en ese intento sutilizamos nuestras expresiones violentas de manera tal que ciertas manifestaciones de ella sean aceptables y otras no (*1).
La violencia es un subproducto de un instinto de supervivencia, el cual interpreta al entorno como una amenaza, pero esta amenaza ya no sólo consiste en la confrontación con la muerte o la vivencia de los recursos naturales como escasos (lo cual está profundamente vinculado a nuestra relación con la muerte), sino también en la destrucción de quienes creemos ser en relación con la economía, la política y la cultura.
Nuestra construcción de la identidad también se compone de un cuerpo, aunque este sea psíquico, que puede ser cortado, magullado, golpeado, quemado o envenenado, simplemente las herramientas que causan esos efectos son distintas. Es imposible tener un instinto de supervivencia sin un ego, y podrán decirme que los animales no tienen ego, pero en el momento en que dos machos se pelean por una hembra para aparearse están demostrando una forma primitiva de ego, donde no es tan importante para el animal que la especie se perpetúe como ser él mismo el perpetuador; la interpretación de la teoría evolutiva desde “la supervivencia del más fuerte” intenta justificar el uso de la fuerza para ser dignos de sobrevivir, pero esta interpretación habla mucho más de los seres humanos y su visión del estado de naturaleza en una época en la que éramos inexpertos en este nuevo concepto de igualdad y solidaridad (como los comienzos del s. XVIII), que de la naturaleza en sí.
El problema no es el ego ni el instinto de supervivencia en sí, es como lo construimos y desde donde lo nutrimos; sé que suena contraintuitivo hablar en una misma oración de instinto de supervivencia y de construcción pero si consideramos que la manera en la que expresamos la violencia (en la cotidianidad de una sociedad “civilizada” (*2)) se ha sutulizado, entonces debemos reconocer que tanto el ego como los instintos cambian de forma a partir de nuestra relación con el entorno.
Para superar la violencia debemos dejar de construir nuestro instinto de supervivencia desde el temor a la muerte, debemos dejar ver la desintegración como una amenaza y empezar a verla como lo que realmente es: sólo una cara de la moneda, en la que del otro lado se encuentra la creación, en definitiva la muerte es un cambio y en ese cambio nada se pierde, todo se transforma, y nosotros de esa transformación solo elegimos ver una parte.
Tanto la agresión explícita como el bulling (psicológico y físico, pasivo y activo) forman parte de la experiencia violenta y comparten la misma raíz, la de ver la diversidad como un agente destructivo de nuestra persona o la sociedad que nos define. Subyacente a nuestros hábitos, naciones, costumbres o formas de expresión, somos todos seres humanos y si pudiésemos disfrutar de la diversidad de nuestras formas sin temor a donde se sitúa la mayoría o que clase de validación masiva podemos tener, entonces podríamos dejar de ver en el otro una amenaza y empezaríamos a encontrar en los ojos del todos nuestra propia humanidad.

(*1) uno de los pensadores que da comienzo a esa sulitilización es Maquiavelo y su esfuerzo fructífero por desplazar la fuerza política del plano físico al intelectual.
(*2) la palabra “civilizada” está puesta entre comillas porque debo reconocerme prejuiciosa con la misma, principalmente por el libro de Sarmiento “civilización y barbarie” y como fue utilizada para el dominio de un pueblo sobre otro, ya no sólo en ejemplos nacionales.

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En búsqueda de la teoría del todo

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Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el universo y a los Dioses
-Templo de Delfos

Me gustaría empezar esta nota haciendo una pregunta que nos va a acompañar durante todo el artículo ¿qué es la objetividad y qué es la subjetividad? De acuerdo a las fuentes en internet la objetividad es “aquello que es perteneciente o relativo al objeto en sí mismo, con independencia de la propia manera de pensar o de sentir (o de las condiciones de observación) que pueda tener cualquier sujeto que lo observe o considere”; mientras que la subjetividad es “la propiedad de las percepciones, argumentos y lenguaje basados en el punto de vista del sujeto, y por tanto influidos por los intereses y deseos particulares del mismo”.

Teniendo estas definiciones en consideración podríamos aventurarnos a decir que todo entendimiento por más científico que sea es una expresión subjetiva a menos que la humanidad dé con la teoría del todo; esta conclusión que acabo de hacer puede parecer innecesariamente transgresora o controversial pero no es esa mi intención y para ilustrar con más detalle lo que estoy intentando decir, voy a dar un ejemplo:

Imaginemos que reunimos a un grupo de personas en una habitación y les pedimos que vean un video: el video muestra una convención multitudinaria que sufre un desperfecto en el equipo eléctrico y este comienza a quemar la cortina del fondo detrás de las mesas de los conferencistas, al hacerse el humo y el fuego evidentes la gente comienza a gritar “¡Fuego!” y se apresura desesperadamente a la salida, presionando e inmovilizando al organizador que poseía la llave de la puerta. Finalmente un pequeño grupo dentro de la multitud pide orden, apaciguando la desesperación de manera tal que el organizador puede liberarse y hacerse paso hasta la puerta habilitando la salida. La mayoría de los presentes huyen despavoridos pero unos pocos se quedan a intentar apagar el fuego y llevar a la salida a las personas desmayadas o abatidas.

Para finalizar el ejercicio, las personas que vieron el video deben explicar qué fue lo que observaron y es entonces cuando el ejemplo se vuelve interesante:

Si le preguntamos a un ingeniero eléctrico, probablemente explique como la instalación eléctrica era precaria e insegura generando el cortocircuito que ocasionó el accidente.

Si le preguntamos a un sociólogo, posiblemente nos dirá sus conclusiones basado en las estadísticas que encontró a partir de los distintos comportamientos de la multitud.

Si le preguntamos a un biólogo, seguramente nos explicará los efectos que el humo y la falta de oxígeno tienen sobre los pulmones y las reacciones vitales.

Si le preguntamos a un físico, probablemente nos dirá cuánto tiempo tenían las personas para salir considerando el volumen de la habitación, la cantidad de personas, el índice de consumo de oxígeno de una persona bajo condiciones de estrés y el índice de consumo de oxígeno del fuego en estado creciente.

Si le preguntamos a un psicólogo posiblemente nos explique el rango de emociones que una persona puede atravesar a partir de la confrontación con la muerte o la desesperación.

Y si le preguntamos a un neurólogo probablemente nos explique las partes del cerebro que se activan frente a situaciones de estrés y sus posibles efectos.

Todas estas explicaciones son válidas y ciertas y a su vez ponen en evidencia la verdad de la premisa que expresé inicialmente, ni siquiera el entendimiento científico es objetivo ya que la explicación científica de un fenómeno puede variar de acuerdo al área de la ciencia que lo perciba, mostrando la interpretación y el entendimiento pertenecen más a la subjetividad humana que a la absoluta objetividad.

¿Cómo es posible entonces dar con una teoría científica del todo, cuando el todo demanda objetividad mientras la ciencia demuestra subjetividad? A mi entender y considerando estos factores, la única forma de encontrar “la” teoría del todo es sumando, conjugando y atreviéndonos a interrelacionar todas las subjetividades científicas ya que ¿por qué una teoría que lo explique todo debería provenir de un área interpretacional de la realidad específico? ¿Acaso el todo no es igual a la sumatoria de todas las partes?

En la actualidad existen muchos prejuicios especialmente en el mundo academicista formal respecto a esta nueva corriente holística de entendimiento del todo y fue justamente por esa razón que me sentí motivada a escribir este artículo y dar una explicación un poco más desarrollada de porqué tantas personas consideran esta corriente asertiva y sensata, para ejemplificar les dejo mi propio intento de interpretación holística del cosmos que pueden encontrar en este link.

La interpretación holística de la realidad propone un juego cuasi sinestésico con el conocimiento que, lejos de ser caótico, resulta revelador e incluye un factor que en los estudios formales se ha desestimado reiteradamente y es que los seres humanos no vemos al universo como es, sino que lo vemos como somos nosotros, pero tendremos que tener en cuenta que el todo que estamos buscando entender es el todo que conocemos en este punto de nuestra consciencia y que de encontrarlo probablemente nuestra capacidad de entendimiento y de percepción se expanda de manera tal que, este al que hoy llamamos todo, sea simplemente un fragmento de la expansión resultante.

Las etapas de la responsabilidad

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Mucho se ha hablado de cuán difíciles son estos tiempos para tener ideales, tanto que quienes muestran tenerlos son tachados de ingenuos, ignorantes o simplemente tontos.
Vivimos en tiempos nihilistas donde la bondad y los principios son ejemplares en extinción, donde el “sálvese quien pueda” y el “si no se lo hacía yo primero, él me lo hacía a mí” se han vuelto justificativos para argumentar cualquier accionar de las personas.
Son tiempo en los que los intereses individuales y el interés social parecen fuerzas opuestas en constante batalla y como resultante los seres humanos se sienten obligados a elegir entre sobrevivir egoístamente en un mundo que no les gusta o sacrificarse intentando cambiarlo. A medida que vamos “triunfando” en este proceso al que llamamos madurar nos vamos tiñendo de ese mismo nihilismo del desencanto y comenzamos a observar que nadie ha cambiado al mundo, lo que nos lleva a igualar el significado de sacrificio al de derrota: “sólo tenemos una vida” -dicen- “¿por qué yo debería preocuparme por el mundo si a nadie le importa y cada cual esta demasiado ocupado viéndose el ombligo?”, “el mundo es desleal, favoritista, ventajero y no tiene un sentido de justicia objetivo basado en el reconocimiento de las verdades que componen esta multiplicidad de realidades a la que llamamos sociedad (especialmente en tiempos de guerras nos confrontamos con la evidencia de que el sentido de justicia se aplica muy subjetivamente), ¿qué caso tiene nadar contra la corriente?”. En más de una ocasión me he encontrado con personas que me han dicho: “sí, políticamente, (o) en el área judicial se cambian favores por favores, no se busca llevar las reglas al pie de la letra sino que se adelantan resoluciones de acuerdo a quien las pida pero¿qué vamos a hacer? Así esta la cosa, al principio me indignaba, ahora me doy cuenta que todo esto es mucho más grande que yo, que exponerlo no cambiaría nada y no me parece justo quedarme desempleado o dejar sin trabajo a otros compañeros inocentes sólo porque mi jefe (que es sólo un pez en un tanque de tiburones) hace las cosas mal. Cuando todo el sistema esta podrido desde arriba ¿qué se puede hacer? ¿vivir sin ningún sistema judicial, económico o político? ¿te imaginás lo que sería el mundo si todos hiciesen lo que quisieran?”.
Parecería que quienes más se sujetan a la resistencia del sistema y rehusan a dejar atrás sus ideales, más dificultades enfrentan en su camino, hasta que la soledad no se vuelve una cuestión cuantitativa de personas alrededor de uno sino una experiencia existencial. Desde mi observación personal creo que todos los seres humanos nos sentimos un poco así en alguna parte de nuestro ser, probablemente no sea la parte en la que más nos enfoquemos durante nuestra vida adulta ya que es una sensación que se vuelve contraproducente y autodestructiva en un mundo que demanda de nosotros constante pragmatismo y productividad para poder sobrevivir, sin embargo amerita preguntarse ¿cómo se llega a este aislamiento interior cuando todos alguna vez quisimos cambiar el mundo?, ¿cómo se encuentra tan desorganizada socialmente una necesidad común en todos los seres humanos?; muchas veces me he hecho estas preguntas a lo largo de mi vida y desde la observación me he aventurado a dar ciertas respuestas: posiblemente porque tenemos deseos y aspiraciones ilimitados en un mundo de recursos limitados, lo cual nos lleva a competir por tener mayor peso en el área económica; seguramente también porque si bien sabemos lo que sentimos respecto a nuestras convicciones, no sabemos lo que los demás sienten respecto a las suyas, lo cual nos lleva a una estrategia preventiva de no involucrarnos para ahorrarnos una posible desilusión de darnos cuenta que todo el tiempo y el trabajo que dedicamos a un proyecto fue en vano; pero creo que la más importante de todas es que, si le pidiésemos a todas las personas que habitan esta tierra que nos describiesen con el más riguroso detalle su mundo ideal (pidiéndoles que expliquen como sería la forma de organización social, que tipo de procesos económicos estarían presentes a la hora de distribuir los recursos, cómo sería la educación y la salud, que medidas de acción social se deberían tomar, hasta donde la solidaridad es una ayuda y en que punto se vuelve perjudicial, como se vivirían las relaciones interpersonales, etc.), estoy segura que no podríamos lograr jamás un consenso entre todas las visiones. Esta última observación enseña una gran lección al ser humano, lo que verdaderamente nos lleva a aislarnos, es que fallando ver la esencia común de nuestra insatisfacción, pensamos que nuestra concepción de como el mundo debería ser en su forma específica tiene más valor que la de todos los demás, entonces en lugar de buscar entender esa esencia común de descontento en todos nosotros para aprender en qué consiste, por qué esta presente y cómo se puede hacer uso de ella de una manera edificante en lugar de enajenante; elegimos correr tras la zanahoria de creer que cuando el mundo sea como uno quiere va a poder ser feliz, convirtiendo al otro en el enemigo.

“Si pudiéramos cambiarnos a nosotros mismos, las tendencias en el mundo también podrían cambiar. Tal y como un hombre es capaz de transformar su propia naturaleza, también cambia la actitud del mundo hacia él. No necesitamos esperar a ver lo que hacen los demás”. Mahatma Gandhi.

Originalmente mi intención era escribir la tan famosa frase “se el cambio que quieres ver en el mundo”, pero haciendo una pequeña investigación en la web me encontré con que la misma fue falsamente atribuida a Gandhi, sin embargo la cita escrita en el párrafo anterior parece ser ciertamente de su autoría; de todas maneras ambos mensajes marcan una idea clave para la continuación de este artículo, y es que en el momento en que nos damos cuenta de que al convertir las ideas del otro en una amenaza no hacemos más que voluntariamente alejarnos de nuestros propios ideales de libertad, tolerancia y respeto, en el momento en el que guiamos nuestra vida bajo el concepto de que nuestras formas son más importantes que la esencia que nos une a todos, en el momento en el que peleamos por tener la razón y la verdad con alguien que desde los más básico en nuestro ser es un igual, desde entonces nosotros, no el otro, estamos traicionando nuestro mundo mejor.
Siguiendo con las citas, Galileo Galilei dijo que “no se le puede enseñar nada a un hombre, sólo se le puede ayudar a encontrar la verdad dentro de sí mismo”, un mundo mejor sin hombres mejores parece un ejercicio fútil, pero enseñarle a alguien a ver el mundo como uno lo ve, debería parecernos más absurdo que la ingenuidad, lo único que nos queda es decir y hablar nuestra verdad esperando que con el ejemplo cada cual se atreva a decir y hacer la propia: sí uno quiere un mundo tolerante, ser uno mismo tolerante; si uno quiere un mundo comprometido, ser uno mismo comprometido; si uno quiere un mundo honesto, ser uno mismo honesto. Ninguna vida va a valer la pena si intenta cambiar el mundo, ya que un mundo que se cambia con una sola voluntad, no parece un mundo que valga la pena en lo absoluto y entender esto es llegar a un estado solido de la responsabilidad, donde nos vemos tal y como somos, no por el deseo de ser héroes o por el temor a ser villanos, sino por ser simples seres humanos en un mundo en el que se recibe dando.

Al maestro Da Vinci

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Creo que alguna vez publiqué en algún lugar algo acerca de este gran visionario que me ha acompañado como inspiración durante toda mi vida.
Leonardo vivió entre los siglos XV y XVI, en esos tiempos los procesos mortuorios tenían un gran valor cultural y religioso (sin embargo no fue un hábito originado con el oscurantismo ya que en el antiguo Egipto existían prácticas similares), se creía que un cuerpo decapitado no podía llegar al cielo y que todo cuerpo debía ser sepultado en tierra sagrada para poder descansar en paz.
He aquí que Leonardo sin poder acallar la curiosidad de su mente encontró como transición natural del estudio artístico de las formas, el estudio interior del cuerpo humano. Comenzó a diseccionar cuerpos y realizar detallados dibujos y descripciones de lo que veía.
Cuando la comunidad italiana supo lo que hacía fue acusado de actos de necrofilia y sodomía, la mayoría no supo ver su interés como algo sano y en esa ignorancia calificaron sus actos de macabros y perversos.
En la actualidad la medicina moderna cumple un papel fundamental a la hora de hablar de salud, y esta no hubiese sido posible sin el estudio anatómico de los cuerpos, aún encuentro estudiantes de medicina que afirman que los libros ilustrados más antiguos de anatomía que existen pertenecen a Leonardo Da Vinci y que incluso algunos de sus dibujos aparecen en libros modernos.
¿Por qué es tan importante para mi esta historia y necesitaba compartirla con ustedes? Porque me enseñó mucho de la naturaleza humana y ha contribuido a mis parámetros éticos como persona. Leonardo no asesinaba, como persona no representaba una amenaza real para su comunidad, incluso era vegetariano por lo tanto ni siquiera representaba una amenaza para los animales. Sin embargo cuando la sociedad (y el ser humano en particular) se confronta con hechos que no entiende de los demás tienden a ir al peor lugar posible, ven “a lo otro” oscuro y malo cuando en realidad lo que sucede es que se están confrontando con su propia oscuridad.
No todo lo que no entendemos es malo y no todo lo que rompe con el status quo es una amenaza, existen personas capaces de ver más allá de la superstición, de lo incuestionablemente convencional, de la prohibición injustificada y convertir esa osadía en un regalo invaluable para el conocimiento y la humanidad.
Creo que este texto es un anexo que faltaba en el posteo de “El diablo, la maldad y la locura: Un recorrido histórico por nuestra ignorancia”.

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El diablo, la maldad y la locura: Un recorrido histórico por nuestra ignorancia defensiva

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Los seres humanos somos una especie inusual (contrastándonos con todas las otras especies que podemos percibir) no sólo por nuestras capacidades sensibles sino también por algo que esta muy ligado a esa fuente de creatividad, que si tuviese que situarlo en algún lado, sería justo pegado a ella, como la otra cara que hace a una moneda: nuestra capacidad intelectiva.
Somos conscientes de nuestra vida y de lo que es la muerte, tenemos un entendimiento complejo de nuestro entorno, lo que nos permitió salir de una practicidad rudimentaria y practicar con una sensibilidad más compleja, o tal vez por que somos más sensibles pudimos prestar atención a ciertos fenómenos que desarrollaron nuestra intelectualidad… todo el tema es un poco como el huevo y la gallina la verdad, y es justamente para no meterme en una trampa reflexiva sin salida que prefiero verlo como una moneda donde uno puede enfocarse más en un lado o en el otro pero no por eso el lado que no observamos deja de existir, sigue estando incluso cuando es tapado por la exposición de su complementario.
¿Cuál es la importancia de esta introducción antropológica? La de remarcar cuanto nos confunden y nos intrigan estas solitarias cualidades que poseemos, hemos llegado un paso más allá con nuestra conciencia que otros seres vivos y sin embargo reconocemos que seguimos teniendo más preguntas que certezas. No sabemos, y todos lidiamos con esa ignorancia de forma muy variada, algunos la encuentran vulnerante y lo compensan con versos de alto nivel, otros la sienten humillante y temen aventurarse a superarla por miedo a que se note su vergüenza, otros la sienten amenazante ya que es en la oscuridad donde damos de comer a nuestros monstruos y hoy quiero quedarme con esta última postura para analizarla un poco.
Remontémonos un poco a la fábula que tenemos más grabada en nuestro inconsciente colectivo, pensemos en Adán y Eva: la historia de la caída del paraíso es una de las metáforas más emblemáticas de nuestra historia cuando se trata de explicaciones ancestrales acerca del “eslabón perdido”, Adán y Eva eran una especie que vivía en armonía en el paraíso, con los otros animales, todos comían de todo, nadie sufría y nadie se moría, no conocían la angustia, ni el dolor y no conocían nada más que eso, (eran un poco como animalitos). Sin embargo un día por medio de un árbol, una manzana, una contraindicación, una serpiente y Eva (no me hagan hablar sobre el paternalismo en la antigüedad), las cosas cambiaron, el hombre dividió su percepción en dos: el bien y el mal, y a partir de la creación de esa dualidad aparece en la fábula finalmente el hombre moderno, finito y mortal, con dolor, con angustia, con anhelo de algo que perdió y con culpa: culpa hacia si mismo, culpa a la serpiente y culpa a la mujer.
El culpar es el producto de una sensibilidad muy dualizada y una inteligencia inmadura, los seres humanos no solemos preguntarnos las causas de algo a menos que nos confrontemos con un fenómeno que nos cause displacer (para el romance se desarrollan técnicas luego de haber pasado por infructuosas experiencias, para la dinámica laboral se desarrollan hábitos luego de situaciones incómodas o desventajosas, imaginamos las causas que podrían ser responsables de los resultados y después tratamos de compensarlas con un accionar distinto), se podría decir que en el comportamiento de nuestra vida cotidiana somos una máquina de simulación permanente que auto-corrige sus trayectoria a cada paso que da; pero… ¿qué pasa cuando inevitablemente nos encontramos en una situación en la que no hallamos ninguna salida airosa o en la que el entorno se mueve de una forma que nos resulta imprevisible y nos impide alcanzar nuestros objetivos? Entonces culpamos: ponemos en una bolsa toda la infelicidad que esa situación nos genera, buscamos el agente causal más “apropiado” y le tiramos la bolsa por la cabeza. Para culpar necesitamos tener dos factores presentes, primero la falta de voluntad de neutralizar o resignificar una experiencia como mejor que lisa y llanamente negativa, segundo hacer uso de una inteligencia infantil que nos permitirá visualizar la cadena causal de sucesos y detenernos en el eslabón que menos represente una amenaza para nuestra persona o que pensemos que no va a generar un contraataque (ya que no queremos iniciar una guerra sino simplemente poder tirar esta molesta bolsa a alguien más).
Por ahora la reflexión viene bastante sencilla, los seres humanos somos una especie que siente lo agradable y lo desagradable, que piensa correcta y erradamente, y que suele culpar cuando presencia un fenómeno no deseado (creo que la mayoría puede decir que su deseo tiende a lo agradable y lo correcto). Hasta que nos encontramos con el caos, un fenómeno que parece tan desagradable o errado que desafía nuestro concepto de quienes somos o que es real, como la historia del paraiso ¿por qué alguien que se siente perfectamente satisfecho con su existencia querría algo más que eso? Para una especie como la nuestra cuya trama existencial tiene más huecos que un queso gruyer, no tener todas estas dudas definitivamente podría parecer el paraíso; para una especie que definitivamente no se siente en el paraíso rechazarlo resulta un acto impensable y sin embargo esta es la explicación folklórica más popular acerca de porque somos como somos. Más interesante aún es ver a quien se culpa por esta caída en desgracia, sí, se culpa a la mujer, es cierto, pero más que nada se culpa a un ser consciente, un ser inteligente, un ser previsor de las consecuencias, la serpiente, “el diablo”.
En la época medieval el diablo y la maldad eran los máximos agentes causales de todo fenómeno caótico que era percibido. Todo aquello que nos hacia sentir atemorizados o profundamente contrariados era causa de esa entidad poderosa que representaba el súmmum de lo indeseable, hasta Descartes a la hora de explicar el error se refería a un genio maligno. Esta visión se agravó a finales del oscurantismo, con la inquisición (la cual produjo una cicatriz que ni la comunidad científica, ni cualquiera que tenga una identificación profunda con los alquimistas, ha terminado de curar); no obstante el hecho de que vivimos en una comunidad mundial que promedialmente se encuentras más avanzada en su entender racional de la realidad y después de pasar por la muerte colectiva cuasi freudiana del padre-dios, con la tan famosa frase de Nietzsche, aún seguimos culpando a un ente oscuro y atemorizante por las percepciones caóticas que exceden nuestro entendimiento, este ente ya no esta antropomorfizado por el simple hecho de que sin dios no hay diablo, pero así como la realidad entendida en un mundo empíricamente materialista se ha vuelto nuestra “guía divina hacia la sabiduría”, la locura ocupa el papel del diablo.
La locura se ha vuelto, en el área de la mente (para los ateos/agnósticos) o del alma (para los creyentes), ese agujero negro que pocos quieren o pueden confrontar y en el que muchos menos se quieren meter; lo observamos de vez en cuando, a una distancia prudente, lo pensamos, nos preguntamos al respecto, pero sumergirse en él es menos tentador que el primer viaje de Colón; tememos que entenderlo sea una ida sin retorno, que redefina quienes creemos ser de una forma extremadamente dolorosa, combatimos contra él, con indiferencia, con temor, con rabia, con distancia.
Últimamente pienso que las atrocidades que percibimos en este mundo, no muestran verdaderamente lo que la locura es, sino lo que hemos hecho con ella. La locura no es la forma que le hemos dado a aquello que no entendemos, es a la que culpamos por que nuestra irracionalidad tome esa forma. La locura es lo inentendido, los monstruos son lo que nosotros hacemos con ella.

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Los colores de la vida

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Entender como la luz se descompone en colores no sólo sirve para ampliar nuestra mente en términos científicos y artísticos, sino también filosóficos.
A mi particularmente me gusta relacionar los colores con las emociones y los intereses de las personas, me gusta pensar (pero también lo observo mucho) que nadie es de un sólo color, nadie es solamente dulce, o serio, o agresivo, o inseguro, o gracioso, o esta interesado en biología, o física, o pintura, o psicología. Somos como un cuadro impresionista y tenemos muchos colores combinados en distintas proporciones dentro de nosotros mismos, sin embargo cuando cuando se abordan temas morales no solemos hacer uso de ninguno de ellos.
El blanco y el negro no son colores, es simplemente luz y la ausencia de ella, y es justamente de esta manera como solemos visualizar el tópico en cuestión, algunas personas somos lo suficientemente afortunadas para poder percibir y agregar otra variable en esta dualidad: nos atrevernos a decir que las personas suelen ser de distintos matices de grises.
En mi opinión en este aspecto somos todos grises, así es como nos veo, pero también observo que la percepción de cada persona respecto a esa realidad varía. Algunas personas se ven blancas y todos a su alrededor negros, otras se ven negras y a todos a su alrededor blancos, otras ven todos negro, otras todo blanco, y algunas ven blancos, negros y grises.
La moralidad tiene un fuerte componente emocional y esta siempre presente en nuestras vidas, tal vez no de una forma muy trascendental pero, de todas maneras, hasta en las elecciones más pequeñas de nuestra vida cotidiana tratamos de hacer “lo correcto”; por ejemplo para alguien que considera que la sociedad en la que vive es desleal, deshonesta y estafadora probablemente en algún punto de su vida empiece a justificar esos comportamientos como la única forma de sobrevivir al entorno, y ese sobrevivir sería para él hacer lo correcto.
Sin necesidad zambullirnos en realidades tan sórdidas como la descripta anteriormente podemos encontrar un propiedad general que engloba las bases de la experiencia moral, esta sería el sobrevivir: sobrevivir entre todos o sobrevivir individualmente, hoy por hoy, no representa solamente respirar, comer y demás funciones orgánicas, representa también acceder a las posibilidades desarrolladas en un mundo altamente conectado, interdependiente y tecnológicamente avanzado (considerando nuestros orígenes), por lo tanto sobrevivir significa también defender nuestro derecho a existir tal cual somos desde un lugar bastante más complejo internamente de lo que sucedía cuando nos enfrentábamos a animales salvajes o nos conformábamos con una fogata.
El concepto del ego es un producto de esta evolución social, por supuesto que al tratarse de un objeto de estudio no material, no podemos saber aún a ciencia cierta si el ego siempre ha existido o si es la misma creación y popularización del concepto en los tiempos modernos lo que le dio origen (nos encontramos con el mismo dilemas griego acerca de si las ideas son creadas o existen eternamente en un plano etérico). Desde mi punto de vista el ego siempre existió pero no éramos conscientes de su existencia, de la misma forma en la que no éramos conscientes de las terminales nerviosas que posibilitan la sensibilidad de nuestro cuerpo; el ego es nuestro cuerpo etérico emocional y racional, es todo lo que percibimos de nosotros mismos que no es evidente a los ojos físicos: soy linda, soy fea, soy proactiva, soy haragana, soy inteligente, soy tonta; pero también es el que nos motiva a sobrevivir en un mundo donde las necesidades no rayan meramente en lo físico, por ejemplo, uno tiene que ser seguro de sí mismo si quiere destacarse en una entrevista laboral, uno tiene que ser amable si quiere tener un buen ambiente de trabajo, uno tiene que ser servicial si quiere ser un buen ciudadano, uno tiene que ser obediente si quiere ser un buen hijo; todo tipo de condiciones y sus antítesis son la luz (o falta de ella) que nos llega de los demás a la hora de percibirlos en términos morales.
Esto nos lleva al siguiente análisis, por supuesto que el ego esta anclado en el mundo material, porque impulsa nuestro propio movimiento como seres humanos pero esta anclado de una manera extraña ya que el movimiento no es un objeto es una fuerza (o varias para ser precisos), por lo tanto la interpretación del porqué de su existencia es profundamente menos objetiva que si se quisiese entender un objeto. ¿Por qué aclaro esto? Porque es en esa falta de objetividad que justamente malinterpretamos lo que sucede cuando tratamos de encontrarle sentido a las acciones de los otros y a veces es lo que sucede cuando las malinterpretaciones de los demás sobre nuestras propias acciones se vuelven más fuertes y tienen más peso que las razones originales que impulsaron nuestro movimiento, así es como alguien puede llegar a verse negro a sí mismo.
La razón más objetiva que un ser humanos tiene para expresarse es justamente esa, “ser” y “sobrevivir”; y ser y sobrevivir no es algo oscuro, es precisamente la combinación de todos los colores que da como resultado la luz, la interpretación maliciosa de esa existencia es la que opaca la luz de nuestras acciones, ya sea que la veamos en nosotros o nos sintamos siendo percibidos de esa manera, en el fondo “nadie es el villano de su propia historia” esto significa que nadie guía primordialmente sus acciones para causar daño a nadie, e incluso las mas atroces de las acciones se originan desde la pura necesidad de protección de esa existencia, protección de aquello que alguna vez fue interpretado en nosotros, protección del como percibimos en nuestro entorno.
Escribo esto porque la falta de comprensión luminosa de los unos a los otros en estos tiempos es algo que me causa mucho dolor y desde lo más sensible y racional de mi ser necesitaba echarle un poco de luz a este asunto con la esperanza de que mi accionar forme parte de la solución.

El mundo en un ser humano y la humanidad en un grano de arena

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Tome prestado un pequeño fragmento de la poesía de William Blake “Auguries of innocence” para ilustrar el tema de mi siguiente posteo. El fragmento dice así:

To see the world in a grain of sand
And a heaven in a wild flower
Hold infinity in the palm of your hand
And eternity in an hour.

En español diría aproximadamente lo siguiente:

Para ver el mundo en un grano de arena
Y un cielo en flor silvestre
Sostén la infinidad en la palma de tu mano
Y la eternidad en una hora

Por lo tanto hoy los invito a que veamos la humanidad misma en un ser humano y las etapas de su vida.
Si uno analizase la historia de la humanidad y los vínculos que esta desarrolla con la autoridad y el poder a lo largo de su historia (entiéndase por autoridad toda fuerza que excede nuestra voluntad y que nos pone límites), veremos que existe un paralelismo entre dicho camino y etapas, y las de un ser humano; también vamos a poder observar que la civilizaciones (egipcia, china, griega, americana, romana, europea, euroamericana, global) representan las conexiones medias entre el ser humano y la humanidad en sí; cada civilización atraviesa algunas etapas de las que mencionáremos y luego decaerán, para volver a reformularse y atravesar las misma etapas nuevamente, aunque ya en otra escala y sumando una etapa nueva, subiendo un escalón más en este camino de crecimiento.
A continuación voy a describir un poco las características principales de estas etapas humanas y su puntos de convergencia con el desarrollo social de la humanidad.

Cuando una persona es bebe es un ser sensible, incapaz de racionalizar su entorno y completamente dependiente del medio para su supervivencia. Se encuentra en una niñez no verbal, como consecuencia la intervención paternal se figura psíquicamente como una especie de deidad todopoderosa y de superior naturaleza que la propia, ya que el bebe no posee conciencia de sí mismo, sólo siente que necesita algo y llora.
En sus inicios, la humanidad estaba tan condicionada por los fenómenos naturales, que atribuía su realidad a deidades fenomenológicas, como por ejemplo la lluvia, el trueno, la tierra, etc.; de ellas dependía su supervivencia y las consideraban de una naturaleza superior a sí mismo, dado que el hombre primitivo poseía simplemente sus necesidades como guía de supervivencia.

Cuando el niño entra en la etapa de auto conciencia corporal descubre que su naturaleza y la de sus padres no es muy distinta, empieza a notar las similitudes fisicas y a explorar su fuente de poder que es el placer.
Cuando la humanidad llega a un punto en el que la naturaleza no le es tan ajena comienza a modificarla y pone su poder en función de su deseo (descubre la rueda, el fuego, la elaboración de utensilios; o en civilizaciones más avanzadas, la arquitectura, la indumentaria, etc.). En ese momento las deidades, puramente fenomenológicas hasta entonces, comienzan a tener características antropomorficas, los dioses se mezclan con los humanos y poseen una fisionomía similar. A su vez ya no sólo representan los fenómenos de la naturaleza sino también percepciones más humanas como podrían ser la guerra, la muerte, la belleza y el amor.

Según la teoría freudiana, la cual en este sentido comparto, luego el niño atraviesa una etapa de adormecimiento, donde su sexualidad y su poder sensible se ve apagado, abriendo paso a una etapa de crecimiento mucho más racional y desapegado de una interpretación causal completa. Durante este período, las barreras que distancian al niño del padre también se van superando, sin embargo el primero sigue percibiendo al poder paternal de una naturaleza distinta a sí mismo sin entender bien donde radica la diferencia.
En la historia de la humanidad podemos ver esta relación con la existencia de emperadores, monarcas, papas y señores feudales, donde dicha representación gubernamental aparece tanto como un símbolo de deidad, como de autoridad humana. A su vez, en esta etapa la sensibilidad se adormece y se explora el entorno desde una percepción principalmente racional. Se puede observar como se rescata la búsqueda de la razón pura de un orden superior a la realidad mundana, por ejemplo: las necesidades de expansión se figuran más lógicas que la consideración sensible por la vida de los demás, como consecuencia las guerras son una actividad característica de esos tiempos; hasta la experiencia del matrimonio se manifiesta de una forma mucho más estratégica y racional.

Al entrar en la adolescencia temprana, comienza el desarrollo adulto del cuerpo, la persona despierta su sensibilidad y retoma la auto exploración sexual, usualmente causando una sensación de rebeldía o culpa ante el tabú previamente instaurado, pero también rompiendo con la barrera final que posicionaba al padre en una naturaleza superior a si mismo. A su vez la vivencia sexual es autoreferencial y demuestra una finalidad principalmente egoísta.
La mayoría de las monarquías, imperios, dinastías, etc. fueron seguidas por revoluciones que decantaron en diversas formas de democracia, donde la sociedad comienza a reconocer que puede ser su propia autoridad. A su vez la mayoría de los sistemas que devinieron muestran dificultad en poder conjugar el interés privado con la comunidad; y aquellos que por el contrario intentan poner los intereses comunitarios por sobre los individuales, fallan en lograr el desarrollo pleno del individuo.

En la adolescencia tardía el joven comienza a descubrir el placer de encontrar la realización de su deseo con el otro, incluso aún pensando al otro únicamente en función de su necesidad de ser complacido. Es entonces cuando el joven admite definitivamente a sus padres como iguales; pero este hecho le genera conflicto, descubriendo que debe parte de su formación individual a ellos y proyectando la culpa de las insatisfacciones de su vida en ellos. Como consecuencia la búsqueda sexual tiene como finalidad principal el romper con los límites de quien es, ya que eso le produce placer. Bienvenidos a la adolescencia.
Podríamos decir que en referencia a la percepción social que poseemos de nuestras figuras de autoridad (como nuestro gobernantes, el sistema político-económico, las personas con más poder en el mundo y las multinacionales), bien podría haber un mapa en este momento que señale con una flecha “usted se encuentra aquí”. Es la etapa intermedia entre la rebeldía y el ser adulto, en la que queremos ser responsables de nuestras vidas, pero no podemos despegarnos de la necesidad de culpar a los demás por nuestra realidad; también pensamos que no podemos ser más de lo que somos debido a la existencia de esa autoridad o historia que nos limitaba y por consiguiente, dejamos que la idea de límite (ya no presente en la realidad, dado que tenemos la capacidad de gobernarnos) nos límite.

Cuando uno entra en la etapa adulta logra convertir el rencor hacia la figuras de autoridad en gratitud, permitiéndose asumir la responsabilidad de una vida incondicionadamente libre, y descubre el valor que poseen los límites ya que le posibilitan una mejor expresión de su ser. Las bases de la individualidad se afianzan firmemente y la experiencia sexual se explora en su integridad. El individuo reconoce quien es, sin perder esa noción en la interacción con el conjunto y adhiriendo a su vez un nuevo disfrute, el del encuentro pleno con el otro, lo que le lleva a una unión completa, superior en poder y placer a la previamente experimentada: el ser humano descubre su divinidad. Fusionando su percepción racional con su percepción sensible, se vuelve responsable tanto de sus acciones como de las consecuencias, sabiéndose listo para actuar a conciencia y asumirse en los escenarios resultantes. El adulto esta listo para ser padre.
Creo que en la historia de la humanidad no hemos llegado a esta etapa todavía, hemos pasado la niñez no verbal y vuelto a empezar, hasta llegar a la niñez verbal y vuelto a empezar, hasta llegar a la niñez dormida y vuelto a empezar, y así sucesivamente. Como consecuencia la exploración de nuestra niñez, adolescencia, adultez y vejez han tenido un techo, no impuesto por la autoridad momentánea, sino por los tiempos de nuestro desarrollo social. Es muy difícil que los adultos de una época determinada superen la madures característica de la etapa en la que la humanidad se encuentra; tal vez si puedan superarla en un microsistema, como sería la familia, o pequeñas comunidades aisladas, en la que los roles son más claros y definidos; pero en la actualidad, a nivel social y en relación con las figuras de autoridad, el ser humano es un adolescente.

Lo que hagamos con la realidad que tenemos y principalmente con nuestras vidas, dependerá de nosotros, pero si les sirve de alivio, ya sea en esta civilización o la próxima la humanidad llegará a su edad adulta, ya que es el devenir natural de quienes somos.
Sólo a través de los ojos de la adolescencia la adultez se ve como algo terrible, pero pasando ese filtro les prometo que se pone bueno.

Espero que este artículo les haya hecho pensar pero por sobre todo, los haya hecho crecer.

La gran conspiración

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Creo que en el fondo todos somos un poco conspiranóicos y observando esta característica humana he podido encontrar ciertos patrones que se encuentran presentes más allá de la forma que tome nuestra propia teoría conspirativa. Primero me parece necesario definir en que es conspirar, promediando las varias definiciones que he encontrado en internet y considerando el uso que se le da cotidianamente a la palabra, se puede decir que conspirar es “hacer un acuerdo secreto en contra de alguien o algo”.
Teniendo en cuenta dicha definición voy a enumerar las teorías con las que me he topado a lo largo de los años:
-El mundo es dominado por unos pocos billonarios que tienen mucho mas poder del que nos imaginamos o es evidente, y que nos ven como hormigas de las cuales sacan provecho mientras construyen su imperio.
-El gobierno quiere controlarnos poniendo agroquímicos en la comida y flúor en el agua para atontarnos y que así no podamos cuestionar lo que hacen y pensar por nosotros mismos.
-Algunas personas a mi alrededor son sociopatas que tienen como objetivo sabotear a los demás simplemente porque tienen la habilidad para hacerlo y son unos enfermos.
-Las personas no quieren que sea feliz porque en el fondo me envidian.
-Mi pareja es un/a egoísta que me engaña y miente porque no le importó y tampoco me ama, pero que no tiene el valor para soportar estar sólo.
-La iglesia genera tabúes con la sexualidad para que los seres humanos no podamos recuperar nuestra verdadera esencia animal.
-Los científicos están controlados por los masones con la intención de generar un mundo en el que la realidad emocional se anulé para convertirnos en esclavos autómatas.
-La iglesia quiere maquiavélicamente controlar el mundo a expensas de la inteligencia de las personas.
-Los masones quieren maquiavélicamente controlar el mundo a expensas de la espiritualidad de las personas.
-Los avances tecnológicos son una herramienta utilizada para alejarnos de la naturaleza.
-La esencia de la humanidad es alienigena y secretamente tiene como objetivo destruir el mundo, ya que no respetamos el ecosistema y nos comportamos como parásitos.
-Los poderosos quieren mantenernos humildes y apelan a nuestra sensibilidad y palabras bonitas para que nunca nos levantemos contra ellos.
Todos estos ejemplos muestran varios patrones en común y a continuación me gustaría analizarlos con ustedes:
-Dualidad: en las conspiraciones el factor moral se encuentra muy presente, para que algo sea observado como un plan indudablemente desventajoso las personas deben tener una mirada muy definida donde la realidad se encuentre dividida en dos conjuntos sin dejar ningún elemento fuera de ellos, estos conjuntos suelen ser “bueno/malo”, “mejor/peor”; “verdad/mentira”, “correcto/errado”, “creativo/destructivo”, “equilibrado/desequilibrado”, “sano/enfermo”, “útil/inútil”; cuando desde una mirada macro-cósmica la naturaleza crea y destruye en mucha mayor escala que nosotros y ninguna destrucción viene sola sino que representa la apertura para la creación de algo nuevo, a su vez también nos muestra fenómenos a los cuales aún no le hemos encontrado utilidad y no pasa a ser “buena” o “mala” porque manifestarse como lo hace. La naturaleza se figura mentalmente como una fuerza sabía en muchas personas pero aún así puede ser interpretada dualmente, por ejemplo: en la ciencia la naturaleza no se juzga, simplemente es y esto ha permitido encontrar respuestas que con prejuicios no hubiese sido imposible hallar; otras personas dan a la naturaleza un carácter justiciero y aleccionante lo cual denota una fuerte percepción dual.
-Una realidad enajenante: no suelo ser una defensora de la teoría freudiana pero el concepto de súper-yo me parece extremadamente valioso y útil; en el artículo “La moral” había elevado el concepto a otro nivel agregando la idea de súper-mundo y hoy voy a retomarlo. El súper-mundo es el mundo que pensamos cuando tenemos que tomar una dirección con nuestras acciones queriendo “construir” en el mundo real. El súper-mundo es una realidad perfecta que creamos en nuestra mente basados en la idea de un estado de contante satisfacción; la elaboración del súper-mundo da respuesta a la siguiente pregunta: “cómo necesito que sea el mundo para que yo pueda vivir feliz y en paz todo el tiempo este donde este?”.
-La necesidad de culpar a alguien: ahora bien, existen diferencias entre el súper-mundo y este mundo que habitamos lo cual nos causa enajenación, enojo y a veces llegamos a creer que estas diferencias conllevan a la destrucción de la especie (sé que puede sonar extremista pero cotidianamente pensamos cosas como estas: “en una humanidad competitiva y no cooperativa la especie no sobrevive”; “en una sociedad insensible las minorías están desprotegidas”; “en una sociedad irracional el progreso se vuelve imposible”; “en una sociedad excesivamente emocional las masas se vuelven fácilmente manipulables”, “en una sociedad excesivamente racional el ser humano se vuelve un autómata”; etc.) y por consiguiente luchamos o tratamos de eliminar en la realidad factual aquellos rasgos, instituciones, características, personas, etc. a los que responsabilizamos por crear la diferencia entre ambos mundos. Buscamos culpables porque es un proceso que consideramos lógico, especialmente en una humanidad tan adolescente como la que observo, lo cual nos lleva al siguiente punto.
-Suposición ante el desconocimiento: este es un componente importante en las teorías de conspiración. La suposición ante el desconocimiento significa mirar las acciones de los demás y asumir objetivos “malos” detrás de ellas. Todos los seres humanos solemos tener una percepción ego-cósmica a la hora de analizar el mundo y sacar conclusiones, incluso si consideramos intereses ajenos a nuestra persona cuando elaboramos nuestra dualidad (por ejemplo, los derechos de los animales, el cuidado del medio ambiente, la consideración por las clases menos beneficiadas económicamente, son intereses que se podrían considerar altruistas para una persona de clase media en la era industrial ya que no modifican directamente a su persona) no podemos negar que somos nosotros quienes pensamos que es lo mejor para aquellos que tenemos en cuenta y generamos nuestras propias conclusiones, por lo consiguiente no contemplamos el hecho de que otras personas pueden considerar factores distintos y llegar a conclusiones distintas sin necesidad de elegir una postura “destructiva” conscientemente. Nos contentamos con creer que tenemos las respuestas acerca de aquello que no sabemos de los otros y consideramos que preguntarles por sus motivos sólo nos llevaría a una respuesta…
-La mentira: este es la última de las propiedades que encuentro presentes en las teorías de conspiración. La mentira es fundamental a la hora de crear una conspiración ya que termina por situarnos en una posición impotente frente a la realidad, genera la idea de que no importa cuanto intentemos descubrir la verdad esta está cubierta por las circunstancias (como no poder leer la mente de las personas) o la “inteligencia” de quienes conspiran.

¿Y que hay si lo que suponemos es cierto?
Esta es una pregunta que me hecho muy a menudo cuando me encuentro con una teoría conspirativa, es en este momento cuando he encontrado valioso recordar otras características y hechos que también se encuentran presentes en la humanidad, las cuales también voy a escribir a continuación:
-Todo lo que podemos controlar entre los seres humanos requiere de una voluntad colaborativa multipartidaria: esto significa que nada de lo que logramos con los demás sucede sin un permiso de las partes involucradas y es cuando las partes involucradas no prestan colaboración que se genera un conflicto. Incluso cuando hablamos de personas muy disuasivas como es el caso de los psicópatas lo que nos sorprende es la capacidad que tienen de encontrar que es lo que necesitamos para sutilmente intercambiarlo por lo que ellos quieren, por lo tanto puedo decir que lograr exactamente lo que queremos requiere de la colaboración de las partes involucradas (o de la mayoría de las partes, pero siempre hay más de una voz expresándose).
-Una mirada ajedrecista: el ajedrez ha estado muy presente en mi familia y si bien debo reconocer que soy una pésima ajedrecista el juego me ha enseñado mucho más que como cubrir mis piezas o llegar a un jaque mate, me ha enseñado sobre la psicología del jugador. El ajedrez no es sólo una competencia de ingenio sino también una competencia de concentración, he observado que el mejor ajedrecista es aquel que puede hacer una ejercicio de abstracción respecto a su ego (y a lo que piensa que tiene que probarse a sí mismo y a los demás) y se limita a ver las piezas en el tablero con las posibles acciones de las blancas y las negras, en consecuencia ninguna movida del oponente representa un obstáculo sino la posibilidad de generar su propio jaque mate sin importar cuantas piezas le quede; un claro ejemplo de como un jugador se desmorona puede verse en la documental “Game over: Kasparov and the machine” basada en los tres partidos entre Kasparov y deep blue (película que curiosamente sugiere una teoría de conspiración). De la misma manera en la realidad ningún objetivo se vuelve tan irrealizable si uno utiliza las condiciones presentes a favor en vez de quedar fijado en elucubraciones maquiavélicas, para ese entonces salta a la vista cuán contraproductivo se vuelve enfocarse en las teorías en cuestión. Por supuesto que desde mi propia dualidad debo aclarar que mi sugerencia no es buscar una ganancia unilateral o a expensas de alguien más (como en el ajedrez) pero, como dijimos anteriormente, desde una perspectiva supra-individual podemos notar que en la realidad lo que sucede es más bien un intercambio en el que nadie pierde completamente, simplemente a veces no se sabe reconocer como las circunstancias nos sirven.
-Afrontamos la realidad como queremos: hay una frase de Sarte que dice que “la felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace”, yo pienso que es un poco de los dos, no solamente porque suena sensato sino porque encuentro valor en ambos ejercicios: hacer lo que uno quiere genera un canal para la manifestación de la diversidad de nuestra condición humana, querer lo que uno hace permite desarrollar responsabilidad en nuestras acciones. Al observar a la sociedad me he dado cuenta que todo lo que uno hace lo hace porque quiere, probablemente haya personas que al leer esto piensen que estoy equivocada, que en alguna ocasiones no tenemos opción, pero aunque me importé hacer entender que respetó la visión de los demás acerca de la vida debo admitir que no comparto esa interpretación de las acciones: yo he observado que a la hora de tomar decisiones las personas consciente o inconscientemente hacen el siguiente proceso y algunas veces incluso a una velocidad más rápida que nuestra capacidad de verbalización: la persona se imagina todas las consecuencias que puede encontrar si afronta una situación de determinada manera, luego piensa otra forma de afrontarla la situación y deduce las posibles consecuencias, y así sucesivamente hasta que agota las posibles soluciones, para finalizar pone sobre una balanza imaginaria todas las posibles consecuencias y determina cual tiene el mayor peso, por lo consiguiente cual esta más preparada para afrontar. Vale aclarar que los factores que dan valor a esas consecuencias no tienen un carácter puramente pragmático o idealista, los seres humanos somos seres complejos que en algunas ocasiones priorizamos nuestras ideas y en otros la factualidad, muchas veces se puede tomar decisiones basados principalmente en quienes queremos ser, en lo que nuestras acciones dirían de nosotros mismos y eso también agrega elementos a los posibles conjuntos de consecuencias que elaboramos.
-Convicciones más valiosas que la muerte: este es un concepto complejo de explicar ya que escasean ejemplos del mismo en la vida cotidiana. Diciendo que el ser humano puede tener convicciones más valiosas que la muerte no estoy queriendo referirme a quienes se inmolan o quienes atentan contra la vida de los demás sino a quienes expresan algo sabiendo las consecuencias que pueden caer sobre sí mismos y aún así consideran que vale la pena hacerlo. Para ejemplificar el concepto voy a remitirme a un diálogo que tuve en una ocasión con una amiga: la misma planteaba (más o menos) que la sociedad generaba un tabú respecto a nuestro cuerpo para implementar otra forma de control, que ella se moría por salir desnuda en verano y que le molestaba el hecho de sentirse coaccionada por normas que prohíben rasgos del ser humano que no tienen nada de malo y que la gente es hipócrita porque si todos admitiésemos que queremos salir desnudos esto no sería un problema; a lo que yo le respondí que no estaba verdaderamente coaccionada porque si quisiese en ese preciso momento podía salir desnuda a la calle, que no era físicamente imposible hacerlo; fue entonces cuando ella mi dijo que mi comentario era bastante ingenuo ya que todos sabemos que pasa sí salimos desnudos a la calle… Para mi amiga que te arresten representa la muerte (la peor consecuencia que puede desencadenar de una acción) y en la elección de no salir desnuda a la calle estaba diciendo que no ser llevada presa vale más para ella que tener calor o mostrar que la desnudez no tiene nada de malo; por supuesto que es un razonamiento de lo más lógico pero ¿qué sucede cuando algo vale más que la peor consecuencia imaginable? Es en ese momento cuando descubrimos nuestra libertad ya que entendemos que no hace falta cambiar el mundo para que algo tenga valor, no hace falta obtener la aprobación de los demás para valorar nuestro súper-mundo, que expresar lo que uno auténticamente piensa no tiene porque ser violento, ni agresivo y condicionante para con los demás simplemente tiene que salir de nosotros y dejar que el mundo siga su curso cos eso también, tiene que valer más que nuestra muerte (y aclaro nuestra propia muerte, no tomándola en nuestras manos ni tomando la de otros en su lugar) sino volviéndonos adultos responsabilizándonos de todas las posibles consecuencias de nuestras acciones y aún así respetuosamente apostando por ellas, no buscando convertirnos en una autoridad para los demás ni creyéndonos mejores por nuestras acciones. El ser humano nace libre, pero no es hasta encuentra algo más valioso que su vida que logra descubrir su libertad.
Para concluir debo admitir que yo no sé si las teorías de conspiración son ciertas, pero si sé que nada en este mundo es más poderoso que la voluntad humana y su convicción. Es entonces cuando la realidad que tenemos cobra un nuevo valor porque dejamos de suponer que las masas son un conjunto bobo sólo porque muchos no piensan como nosotros, aprendemos que todo lleva su tiempo y que para tener un mundo mejor no es necesario que que los demás nos muestren lo que queremos ver, basta con definir con nuestras acciones que queremos y quienes queremos ser.

La balada de los antihéroes

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Hace un par de años escribí un texto que proponía un ejercicio filosófico a partir de una situación hipotética con circunstancias hipotéticas. Lo hice porque necesitaba respuestas en un mundo en el que nos gusta tomar bandos y buscar culpables, hoy redoblo la apuesta con una versión distinta del ejercicio, la cual se me ha dado por llamar la balada de los antihéroes y pronto van a saber porque.

Tenemos dos individuos llamados C y D individuos imaginarios pero factibles en esta sociedad.

Historia de C
C nació en un hogar de muy bajos recursos, su madre lo abandonó a los pocos años de nacer y su padre vivió sumido en una profunda depresión, depresión que incrementó aún más la pobreza material en su hogar. C tiene pocos recuerdos de su padre levantado de la cama y sin olor a vino, lo que llevó a formar la idea de que su padre era un hombre débil y estúpido. Consecuentemente a su realidad familiar, y no teniendo hermanos de quien cuidar, C creció siendo muy independiente, nunca le faltó el ingenio para encontrar la forma de sobrevivir y esta habilidad le resultó muy útil para proveerse pequeños gustos y lujos a los que de otra manera le hubiese sido imposible acceder.
Siempre fue muy consciente de que era especial, en una ocasión iba caminando por la calle y escucho la conversación de dos ancianos en un bar en el que uno le decía al otro que sabía leer a las personas como un libro, C pensó en ese momento que dicho anciano no era muy dotado ya que el podía leer a las personas como una imagen en cuestión de fracciones de segundo y saber que decir y a que apelar en los demás para conseguir exactamente lo que quería. “Un libro lleva tiempo de leer, una imagen es mejor” pensó y continuó su camino.
Desde los 14 años había desarrollado un sistema para poder tener su propia fuente de ingresos, tomó varias changas fugaces y siempre encontraba la forma de ganarse la confianza de sus jefes y de progresar rápidamente, pero en la visión de C esos eran trabajos insignificantes que no representaban ni un ápice del poder de su inteligencia, siempre supo que su futuro no estaba en ese lugar.
A los 16 años terminó la secundaria rindiendo libre y se anotó en la universidad de negocios, fue entonces cuando decidió mudarse de la casa de toda su vida y tuvo la última conversación con su padre, en la misma su progenitor le reclamaba que lo estaba abandonando como su madre y que era igual a ella, a lo que el respondió que no hacía falta parecerse a su madre para no querer estar viviendo con un inútil como el, que lo único realmente valioso que podría aportar a los demás era su propia muerte, ya que sólo sí dejaría de ser una carga y se fue, pero sin antes dejarle sobre la mesa una hoja de afeitar, mirarlo a los ojos y decirle “hacete este favor”. Nunca volvió a su barrio pero no le importaba saber que fue de él, tenía sus horarios colmados de cosas por hacer y sus objetivos eran muy claros.
Para los 30 años C tenía su propia compañía, era un corredor de bolsa que había salido en varias revistas de negocios cuando su riqueza llego a tal punto que pudo diversificar en otras industrias.
Un día, llegó a su oficina como solía hacerlo, exactamente a las 8 de la mañana, su asistente lo esperaba con el café como le gustaba y un manojo de hojas de notas, le comento que el señor X (quien había sido su jefe en un almacén de sus días de barrio) lo estaba esperando en recepción con un ímpetu insistente y ansioso. C no tenía ningún interés de revivir historia pasada y sabía con seguridad porque el anciano quería hablarle, seguramente vio su nombre en alguna de las revistas que se habían publicado recientemente y por consiguiente su persona había pasado a figurarse como la gallina de los huevos de oro en la mente de ese infeliz tacaño y ambicioso, le pidió a su asistente que le dijese que estaba de viaje y que no volvería por un buen tiempo; y continuó su día sin sorpresas.
Cuando llegó la hora de retirarse agarro su maletín y bajó al estacionamiento del edificio para manejar hacia su casa, pero no estaba sólo, de la nada apareció X pidiéndole unos segundos de su tiempo, le contó que su hijo estaba enfermo y que el tratamiento era muy costoso, también le recordó de las tantas veces que habían jugado a la pelota juntos cuando chicos, le dijo que hace poco vio su nombre en una revista, que había agotado todas las otras opciones y que no estaría allí si puede hacer algo más, “que otra cosa podría decirme” pensó. C le explicó que más allá de la publicidad mediática los tiempo financieros eran difíciles, que el había sido usado como muñeco inspiracional en una economía en decadencia y que la mayoría de los logros que se decían sobre él estaban inflados, que tenía una hipoteca inmensa y que apenas podía mantener a los empleados que trabajaban para él; fue entonces cuando X dijo algo que no esperaba oír: “mi hijo tiene un bebe, su mujer murió dando a luz, se quedaría sin nadie, te lo pido por la memoria de tu padre”, su padre había muerto, era de esperarse, no había una gama de posibilidades mayor en su vida, “con mi mujer siempre pensamos en lo difícil que debe haber sido para vos con 16 años entrar a tu casa y ver toda esa sangre, fue esa la razón por la que huiste, no? Nosotros tratamos de buscarte pero fue como si tu hubiese tragado la tierra. Imagínate ser un bebe como mi nieto y ni siquiera poder tener un padre que te cuide”, C fijo su vista en los ojos de X y con una mirada profundamente empática y comprensiva le dijo ” su nieto tiene abuelos extraordinarios, que priorizan a su familia y negocio por sobré todo lo demás, capaces de cuidar con tanta dedicación de los suyos que están dispuestos a explotar a un chico de 14 años cuando ni siquiera su padre puede cuidar de él, créame no se preocupe por su nieto, el ya es afortunado”, X se quedo estupefacto, contrariado por la naturaleza ambigua del comentario, se había sumergido en un estado de entumecimiento, C continuo “permítame que lo acompañe a la salida”, lo llevó hasta una garita de seguridad en la entrada del edifico y le dijo al guardia “procure que no vuelva a entrar a mi edificio sin autorización por favor” y se regresó por su auto en el garage.
En el camino a su casa imágenes de sangre y violencia no paraban de brotar en su mente, pero estas no le asustaban ni le producían impresión, pensó en las veces que se planteó la posibilidad de ser un cirujano ya que se sabía apto para tal labor y volvió a decirse una frase que lo había acompañado toda su vida “lo que te hace tan especial es que vos sabes de lo que realmente sos capaz cuando la mayoría se miente y se refrena con sentimientos compasivos para poder creerse buenas personas, el héroe y el villano dependen de quien y como cuente la historia”.
Los años pasaron y C pasó a ser un miembro conocido y respetable de la comunidad, se casó con una mujer atractiva que también era independiente y no le interesaba involucrarse por demás en asuntos que no le incumbían; tuvo hijos, una nena y un varón; y hasta sé permitió crear un par de organizaciones caritativas ya que las había encontrado estratégicamente beneficiosas para la publicidad y finanzas de su empresa; pero las imágenes de violencia nunca lo abandonaron, tan presentes estaban que se convirtieron en una especie de recreación imaginaria, después de todo las imágenes estaba ahí, no resultaba para nada útil no sacarles provecho; torturarse, reprimirse o juzgarlas se lo dejaba a la gente débil. Fantaseaba como producir un crimen de esas proporciones y salirse con la suya, que coartadas utilizaría, que herramientas y el lugar más propicio, pero ninguna de sus fantasías tenían el resultado esperado al cien por ciento, ningún crimen era perfecto y por lo consiguiente se aburría del ejercicio hasta que se le ocurría otra posibilidad.
Una mañana de domingo salió a correr por el parque cercano a su casa…

Historia de D
D nació en una familia de clase media, sus padres tenían la capacidad de ser extremadamente cordiales, en la casa no se discutía, no se levantaba la voz, no se hablaba de política, de football, ni de religión.
No fue hasta los 5 años de edad que notó que sus padres no dormían en la misma habitación y recuerda que a los 7 años, espió escondido a sus padres discutiendo, al parecer estaban viendo la posibilidad de separarse según lo que pudo hilar de la conversación, la madre decía que era un insoportable y que tenía derecho a rehacer su vida, el padre le decía que si se iba se quedaba sin nada y que buena suerte con encontrar a alguien que la mantenga como él, especialmente por ser una madre soltera, ella le respondió que igualmente le tendría que pasar una manutención o quedarse con D, después de todo, fue él quien insistió en casarse y conservarlo, que ella nunca se hubiese casado de otra manera, él le dijo que el sentimiento era mutuo y que pensara muy bien si quería seguir con esto porque una vez que llamase a los abogados no había vuelta atrás; en ese momento el silencio se hizo rotundo y vio como su madre se aproximaba a la puerta, pudiendo apenas acurrucarse contra la pared y quedar escondido detrás cuando esta se abrió; nunca más volvió a presenciar una situación similar.
D era introspectivo y nada brillante, combinación que a menudo alertaba a los maestros de su escuela, en más de una ocasión se llamó a sus padres para sugerirles que su hijo necesitaba la atención de un profesional, sugerencia que ellos desechaban minimizando los hechos que le describían.
La adolescencia de D fue solitaria, tuvo un sólo interés romántico pero ningún valor para concretarlo “no soy la clase de chico que podría enamorarla” pensaba todos los días, sus compañeros del colegio ya no hacían un esfuerzo por relacionarse con el, claramente bromear para romper el hielo no daba resultado y poco a poco se ganó la fama del raro de la clase, las chicas cargaban a sus amigas con el cuando querían ofenderlas y los chicos se reían de sus gestos y de la dificultad que tenía para hablar en público.
Para los tiempos en que los profesores ya se habían acostumbrado a su personalidad hubo un incidente atípico que volvió a preocupar a la comunidad educativa, al parecer en la clase de gimnasia le habían pasado la pelota y había perdido una oportunidad de empatar, uno de sus compañeros quedó molesto y mientras estaban preparándose para volver a sus casas le dijo que era más inútil que el hombre invisible y que recuerde ponerse un cartel en la frente con su nombre porque sino ni la madre podría reconocerlo, en ese momento D perdió los estribos, fue corriendo hacia el compañero y lo empujó contra la pared con tal fuerza que le rompió la nariz. Al día siguiente los padres fueron llamados otra vez y quedaron sorprendidos con el relato de la directora, especialmente porque D no les había contado nada al llegar a la casa y se había encerrado en su habitación como hacía siempre, le obligaron a pedir disculpas por su actitud y pagaron las cuentas médicas del compañero en cuestión.
Terminó la secundaria a duras penas y se anotó en la universidad (la cual abandonó a los pocos meses) fue entonces cuando sus padres le dieron un ultimátum, se pararon en la puerta de su habitación y dijeron a unísono “ó estudias, ó trabajas, ó te vas de casa”; D se puso a buscar trabajo, del único lugar que lo llamaron fue de callcenters y pronto estaba trabajando en uno.
Pasaron dos años desde entonces y el hábito repetitivo de las tareas de operador terminaron resultándole cómodas, no era un desastre en eso y la gente lo dejaba en paz. Un día se acercó una supervisora y le dijo “necesito que Z haga sus prácticas con vos, conecta su auricular acá y mostrarle como se atiende. Al finalizar ponete en auxiliar unos minutos entre llamadas así ella puede hacerte preguntas”. D se sintió molesto de que nadie le haya dado la opción de rehusarse pero resoplando conectó el auricular y atendió el teléfono, después de la primera llamada tomo inmediatamente otra, dejando a Z a la mitad de una pregunta, lo mismo volvió a hacer con la siguiente llamada, Z lo miro y expiró una sonrisa nasal, D le respondió una mirada escéptica y continuo con su tarea, no paraba de atender una llamada tras otra, con la esperanza de que salga de Z el pedido de que la cambien de persona, en cambio Z parecía estar divirtiéndose, de vez en cuando soltaba pequeñas risitas que parecían completamente aleatorias, finalmente D perdió la paciencia, le dijo a la persona en el teléfono “me permite ponerlo en espera por un momento” y apretando un botón se dio vuelta y dijo “me querés decir que te causa tanta gracia?”, “nada” respondió Z “es sólo que es más que evidente que te molesta utilizar el sistema de registro de reportes” D se quedó sorprendido, era cierto, era un sistema innecesariamente complicado y cada vez que alguien llamaba, secretamente pedía que no le pidiesen buscar en reportes anteriores, D preguntó “cómo…” sin darle tiempo a terminar Z le dijo ” cada vez que alguien te pide que busques reportes anteriores te rascas la nariz y exhalando decís “cómo no” y lo haces; una y otra vez es lo mismo, no falla y me resulta muy gracioso”, esta vez fue D quien sonrió y rápidamente miró al frente y dijo “bueno, no se lo puede dejar al cliente más de 2 minutos en espera” y volvió a la llamada pero esta vez al final de la misma le dio un tiempo a Z para que haga sus preguntas, al cabo de dos días ambos tenían sus códigos: con un movimiento de cabeza D sabía si Z tenía una pregunta o podía tomar otra llamada inmediatamente, intentó lo mejor posible no rascares la nariz y responder “cómo no” cuando alguien le pedía que busque en el maldito sistema pero a veces se le escapaba un “co…” o amagaba con la mano hacia la nariz, lo cual hacia que se mirasen cómplicemente y sonrieran. Al final de la semana se acercó la supervisora y le preguntó a Z si estaba lista para tomar llamadas sola, ella afirmó con la cabeza y le respondió “fantástico, el lunes empezas sola”. D se sentía molesto nuevamente pero no entendía porque, continuó el resto del día serio y sin ánimos de devolver la sonrisa de Z, al final del día agarró sus cosas y mientras se preparaba para irse Z le dice “con los chicos de capacitación vamos a ir a celebrar a un bar, querés venir?”, “no sé” le dijo D, “tengo cosas que hacer y después de una hora se hace difícil conseguir autobuses”, Z respondió “dale, es una ocasión especial. Yo vivo cerca, de última te quedas en casa”, D tragó saliva preguntándose que había querido decir Z con eso, con una voz se preguntaba “podrá ser que…?” y con otra se respondía de inmediato ” nah, me esta queriendo decir que tiene un sillón re cómodo en el living”, pero lo cierto era que sentía un entusiasmo atípico por ir a esa reunión con muchas personas, sensación a la cual no estaba acostumbrado, “bueno, esta bien” balbuceo y se fueron junto a un grupo de chicos al bar de la esquina.
En medio de tanta conversación D estaba tenso, intentaba participar pero sus comentarios demostraban años de inadaptación social, Z estaba sentada a su lado y lo miraba con ternura, en un momento le pasa un vaso de cerveza y le dice “toma, relajate” mientras sus ojos le sonreían; D nunca había tomado alcohol, para el era una actividad de personas que de hecho tenían amigos y dudo por un segundo, pero no pudo rechazar la oferta, después de todo realmente necesitaba relajarse. La noche duró varias horas, D se sentía más espontáneo y hablador, tenía menos miedo a avergonzarse y Z parecía divertirse con sus comentarios. Cuando todos se dispusieron a volver a sus hogares D se ofreció a acompañar a Z a su casa, al llegar a su casa D le dijo, antes de que Z pudiese decirle algo, que la parada del autobús estaba a cien metros y que a esa hora seguían pasando, que se veían el lunes; la saludó rápidamente y emprendió su camino de regreso.
Las semanas pasaron y Z seguía acercándose a saludarlo y hablar con él, cada vez que el grupo se juntaba en el bar Z lo invitaba y él aceptaba, el grupo ya se había acostumbrado a él, ya sea porque Z les insistiese o porque realmente lo consideraban su amigo era irrelevante para él. Una de esas tantas noches en el bar, Z tomo su mano por debajo de la mesa, fue entonces cuando supo que no podía seguir huyendo por pánico y que esta noche debía hacer algo, con la mano libre que le quedaba se sirvió otra cerveza y la tomo de un saque, entonces Z le susurró “acompáñame a mi casa”, se despidió de todos, recibiendo tonos indiscretos y guiños de ojos mientras lo hacía y ambos se fueron caminando. La noche era silenciosa y cuando Z tomo su mano nuevamente se podía oír su respiración entrecortada por los nervios, al llegar a la puerta Z se dio vuelta y se colgó de su cuello y le dijo “mi compañera de cuarto se fue de vacaciones”, y así fue como D tuvo su primer beso y perdió su virginidad en una noche.
Desde entonces fueron inseparables, pronto D se mudó a vivir con ella y fueron los días más felices de su vida, se dio cuanta de que nunca había sido feliz hasta entonces, le gustaban todos sus detalles, la forma en la que fruncía el ceño cuando quería convencerlo de quedarse en la cama un rato más y luego se acostaba boca abajo y hundía la cabeza en la almohada , como movía los hombros mientras tarareaba las canciones de la radio al preparar el café, la mirada picara que le entregaba cuando ya tenía ganas de irse de una reunión, cada detalle era absolutamente exquisito. Era feliz e incluso había logrado entablar amistad con alguno de los chicos del grupo, contarle alguna que otra cosa de su vida y sentirse en confianza.
Pasaron 6 años y Z estaba trabajando en otra empresa, ya se había recibido de contadora y lo había incentivando a D a que retoma sus estudios en más de una ocasión. D intentó varias veces pero siempre le explicaba que el estudio no era lo suyo.
Una mañana de otoño Z lo espera sentada en la mesita del comedor con el desayuno preparado, pero esta vez la radio estaba apagada “necesitamos hablar”, le dijo, “estoy embarazada, pero no lo voy a conservar” D la miro confuso “lo he sabido desde hace varios días, una semana aproximadamente y tuve este tiempo para preguntarme porque la noticia no me hacía feliz” D se sentó “la verdad es que no nos imagino teniendo un hijo, creo que nuestras vidas están tomando rumbos distintos y tener un hijo lo único que haría sería generar hostilidad en nosotros”, “porqué?” le pregunto D, “porque creo que tenemos una idea muy distinta de lo que queremos para y en una familia, porque si yo me veo obligada a dejar de trabajar no creo que pueda confiar en vos para mantenernos y porque siento que yo seguí madurando mientras vos te quedaste estancado”, D la miró y le dijo afligido “pero y si yo…”, “por favor no me hagas esto” le dijo Z, “no me digas que vas a cambiar, no me mientas, si no encontraste la fuerza para poder superarte por vos o por mi, no lo vas a hacer por alguien más y para entonces ya vamos a tener un hijo y va a ser demasiado tarde. Tengo una amiga que sabe de alguien que me puede ayudar a terminar el embarazo y me voy a quedar con ella unos meses, los suficientes como para que vos puedas encontrar otro lugar y mudarte”; luego sacó un bolso armado de un mueble y le dijo “no creo que vos seas una mala persona D, es sólo que somos distintos” mientras le daba un beso en la mejilla, “espero que no me guardes rencor” y cerró la puerta.
Ese día D aviso al trabajo que estaba enfermo y que no iba a poder ir, se lo pasó llorando, ese y el día siguiente, llorando como nunca antes había llorado, llorando sin poder contenerse, al cabo de tres días regreso al trabajo, con los párpados hinchados y extremadamente callado, hizo su trabajo y volvió a su casa, por una semana intentó esquivar los clasificados, cada vez que intentaba buscar un departamento una angustia incontrolable lo desbordaba, sentía que no podría respirar, que el pecho le oprimía y que en la garganta estaban pasando clavos en lugar de saliva. Decidió pedirle a un amigo que marcase departamentos por él, tuvo que contarle lo que había pasado, este le respondió que se había enterado por Z, que lo iba a ayudar y que la vida continuaba, pero para D la vida no seguía, simplemente era una repetición difícil e insípida que le forzaba sádicamente a sonreír y levantarse.
Al mes y medio se mudó del departamento, Z le había pedido que dejará de llamarla y que le avisase con un amigo cuando estuviese todo listo, la gente del trabajo empezó a preocuparse, D había decidido homenajear sus recuerdos con un vaso de whisky en el desayuno, era lo único que entumecía el dolor, en los cuatro meses siguientes D se presentó tarde, borracho o con un fuerte olor a alcohol todos los días. Fue entonces cuando tuvo el segundo ultimátum de su vida, después de que lo echaran del trabajo y habiendo pedido dinero a los pocos amigos y familiares que le quedaban, ellos decidieron reunirse con él en la casa de uno de ellos; para entonces D ya era considerado un alcohólico y tenía a todos preocupados. Le dijeron que no podían ayudarlo más, a menos que él estuviese dispuesto a ayudarse a sí mismo, habían juntado una serie de folletos de alcohólicos anónimos y le explicaron que la situación había tomado una dimensión desproporcionada, que Z era sólo una mujer, que existen millones de mujeres en el mundo y todos han sido dejados alguna vez, que no era para tanto; pero el sólo podría pensar que ninguna de esas personas en esa habitación había sido verdaderamente feliz, D se paró de la silla y les respondió que si podían minimizar su dolor era porque no lo conocían de verdad, les dijo que no quería verlos nunca más y se fue.
En menos de un mes lo desalojaron, vendió sus pertenencias para poder pagar una pensión y algo para poder ahogar el dolor. Durante esos meses se debatió entre buscar un trabajo o pedir disculpas a sus allegados, pero cada vez que se disponía a levantarse de la cama la angustia lo invadía de nuevo “como puedo pretender que puedo recuperarme? No sé mentir tanto como para fingirlo. Mis amigos van a querer convencerse de que estoy mejor y no se como pretenderlo, finalmente me están viendo como soy de verdad, un inútil. Si no puedo convencer a mis amigos de que estoy bien, como voy a poder hacerlo con alguien de recursos humanos?”.
Al poco tiempo los dueños de la pensión estaban reclamando su segunda paga, un día salió a comprar vino y cuando volvió estaban sus cosas en la puerta de salida, eran las 9 de la noche y trató de negociar su estadía una noche más pero no tuvo éxito, recorrió la ciudad tratando de convencer a algún hotel de que le dejase quedarse por una noche, inventó una historia acerca de que le habían robado la billetera y que para el día siguiente ya tendría dinero, pero nadie le creyó, esa fue su primera noche en la calle.
Desde entonces el banco de un parque se había convertido en su cama, de vez en cuando alguien le tiraba una moneda, para cuando el vino se acabó su mente no podía detenerse, estaba nervioso, ansioso y contaba los centavos para ver si le alcanzaba pero no era así, empezó a mendigar dinero con más frecuencia, tardó dos días en juntar lo suficiente para una botella la cual tomó en menos de dos horas y en esas dos horas no paró de llorar, porque? A esta altura del partido no importaba, lloraba por no poder ser un hombre mejor, por no poder haberle dado a Z lo que quería, por comprobar que los demás tenían razón en que él estaba más allá de la recuperación, lloraba por sí mismo y justificaba su tristeza, sabía que había llegado a un punto sin retorno.
Los siguientes días fueron difíciles, su cuerpo temblaba, todas las luces le resultaban fuertes, le daban dolor de cabeza, los sonidos le ponían nervioso, no dormía desde varios días y lo único que podía pensar era que necesitaba alcohol, entonces la luz del sol proyectó la sobra de una persona que corría a unos pocos metros, D tomó un pedazo de caño estaba tirado y lo metió en su bolsillo, necesitaba dinero…

C y D

C estaba corriendo al borde del parque, cronometraba su tiempo con el reloj que sus hijos le habían regalado el día del padre, mientras lo hacía vio como un sujeto sucio y en con vestimenta roída se le acercaba y de pronto tuvo un destello de genialidad (como él solía llamarles) entendió que la mejor forma de realizar un crimen perfecto se había presentado: su familia aún dormía, los domingos no había seguridad en la zona y fácilmente podía regresar sin que nadie notase su ausencia ya que no sabían que él salía a correr los domingos a la mañana porque era una costumbre relativamente nueva, además solía bañarse y secarse el pelo en el baño de la pileta cubierta para no despertar a su mujer, pero eso no era lo brillante del asunto sino la elección de la víctima, que persona podría despertar menos interés policíaco que un vagabundo? Quien podría extrañarlo? Mientras ideaba la manera en que lo haría, decidió adentrarse en el parque, existía un triángulo de arbustos que tapaban la visión exterior, al llegar allí disminuyó la velocidad hasta que se detuvo y se agachó para estirar las pantorrillas, entonces D se le acercó, estiró su abrigo para que se notase la forma redonda que salía de el y lo apoyó contra el cuello de C, le dijo “dame tu reloj y billetera o te vuelo la cabeza”, C se puso erguido y le dijo “adelante”, D se quedó desconcertado, “saca eso que tenés en el bolsillo, la punta puede parecerse a un arma pero el largo no” D sacó su mano del bolsillo y mientras soltaba el caño se oyó el sonido metálico golpeando sobre unas rocas de alrededor, “perdona, es que estoy desesperado” dijo D, “me imagino, no voy a presentar cargos” le respondió C “no tengo dinero conmigo y el reloj tiene valor sentimental pero a pocos metros de acá tengo mi casa y si me esperas puedo ir a buscar algo de dinero. Yo también vengo de la nada y sé lo difícil que puede ser”, “gracias” le dijo D, pero C continuo, “en el área hay muchos guardias y probablemente te saquen de la zona si te ven dando vueltas, porque no me esperas acá? Es un lugar más tranquilo y podes recostarte sobre estas rocas para que no te vean”, D recordó como unos días atrás un policía le había pedido que dejase el banco libre y lo escoltó hasta los perímetros del parque, por supuesto que el encontró la forma de regresar pero sería una lástima que se pierda esta oportunidad por algo similar, finalmente C le dijo “aparte el día esta tan lindo, si yo pudiese me tiraría a descansar y disfrutar del sol en mi cara, no todos los días podemos dormir con la tranquilidad de que vamos a recibir ayuda y seguro que así la espera se hace más corta”, D pensó que tenía razón, trató de recostarse sobre unas rocas mientras el sol entibiaba su piel y la brisa la refrescaba, empezó a respirar más tranquilo, la ayuda venía en camino y dejó que sus párpados se relajasen hasta tomar un mayor peso sobre sus ojos, se entregó al sueño….
C esperaba impaciente que el tiempo transcurriese, tenía toda la situación planificada en su cabeza, primero se sentaría sobre D inhabilitandole los brazos, con guantes pondría una manos sobre su cabeza, otra en su barbilla y le quebraría el cuello, después le removería una zapatilla y dejaría una huella corrida en el suelo a la distancia adecuada de su pie, para simular que se resbaló, luego le pondría nuevamente la zapatilla y acomodaría la posición de la roca y el cuello para que calcen, volvería a su casa, quemaría los guantes, se daría un baño en la ducha de la pileta y se secaría el pelo, para terminar se pondría su piyama y se recostaría con su esposa.
D sintió un peso que lo despertó, al abrir los ojos C estaba sentado sobre él y sus piernas le inmovilizaban los brazos, apenas alcanzó a entender lo que pasaba cuando C intentó agarrarle la cabeza, casi sin pensarlo D sacudió el cuello imposibilitando que C pudiese tomarlo firmemente, sólo logró arrancarle unos pocos pelos, y comenzó a forcejear para ver si podía liberarse y entre los movimientos encontró el caño que había usado como amenaza anteriormente, tomó el caño y lo clavó en C con todas sus fuerzas, al ver que se debilitaba con el dolor, D aprovechó esa ventana de oportunidad para arrojarlo contra el piso y este no volvió a levantarse, sin darse cuenta D había tirado a C sobre el filo de una roca y se podía ver un hilo rojo saliendo de su cabeza. Apurado y sin mirar atrás D abandonó ese horrible lugar.
A los pocos días D fue encontrado en una calle céntrica, un policía lo había visto merodeando la escena del crimen días anteriores y, dado que C quedo sosteniendo pelos ajenos en su mano, tenían una forma de descartar sospechosos; pero a D no lo descartaron, sus huellas estaban en el cilindro metálico y su pelo coincidía. D trato de explicar a la policía, a los periodistas y al público que fue en defensa propia pero nadie le creyó. Al poco tiempo D fue sentenciado a muerte, un grupo de ciudadanos en luto por la muerte de C vitoreaban que finalmente se había hecho justicia, que nunca más iban a permitir que esas lacras de la sociedad les arrebaten hombres nobles y trabajadores, y que ciertas personas no merecen más que la muerte.
Fue así como la vida de D dejó de existir, a diferencia de otros alcohólicos callejeros, su muerte no pasó desapercibida, pero esta vez no era a él a quien miraban, esta vez las personas lo veían peor de lo que era, una idea que jamás creyó posible.

Tal vez pueda parecerles un relato innecesariamente complejo u oscuro, quería contar una historia en la que no fuese fácil empalizar con los personajes y que no hubiese culpables claros e indiscutibles, donde quien es modelo social a seguir no fuese tan admirable, y a quien solemos considerar como negligente y cómodo no fuese tan despreciable tampoco (o tal vez en comparación), donde las personas no sean miradas desde un solo lugar y en función de algo, sino también como la sumatoria de sucesos y circunstancias, donde podamos reconocer la naturaleza humana incluso en los extremos.